• Freakonomics

    “Freakonomics” – Steven Levitt y Stephen Dubner

    El mismo Steven D. Levitt que confiesa no saber mucho sobre economía, que afirma tener problemas con las matemáticas y ser incapaz de teorizar, ese joven economista que pide que no le pregunten nada sobre el mercado de valores, la inflación, la deflación o los impuestos porque no podría decir nada al respecto, hace unos años fue seleccionado por la revista Time como una de las “100 personas más influyentes del mundo”. Unos años antes había recibido la Medalla John Bates Clark, que la American Economic Association entrega cada bienio al mejor economista estadounidense menor de cuarenta años y que, dicho sea de paso, suele ser la antesala del Premio Nobel de Economía.
    Cuando el New York Times le encargó a Stephen J. Dubner la tarea de escribir un perfil sobre esta nueva promesa norteamericana, el periodista se encontró con algo inesperado. Levitt podría ser un director de documentales, un investigador forense, un corredor de apuestas, un aficionado del crimen y de la cultura popular, pero difícilmente podría tratarse del mismo economista académico que tanta gente veneraba. En efecto, Levitt no es un economista típico. Es más bien una especie de Indiana Jones que trata de retirar un par de capas de la superficie de la vida moderna para observar lo que sucede debajo. Es, sencillamente, un detective intelectual que utiliza la economía para tratar de comprender de qué manera la gente obtiene lo que desea.
    Por eso, en lugar de preocuparse por los mercados bursátiles, Levitt intenta comprender por qué los traficantes de crack siguen viviendo con sus madres o por qué descendió la criminalidad en los años noventa, y se esfuerza por aclarar qué es más peligroso, si una piscina o una pistola, o qué tienen en común un maestro de escuela y un luchador de sumo. Preguntas, todas estas, que la economía le permite responder, pues, como él bien sabe, dicha ciencia no es otra cosa que un conjunto de herramientas extraordinariamente poderoso y flexible, capaz de evaluar de forma fiable una gran cantidad de información.
    A diferencia de la moral, que representa el mundo ideal y la forma como la gente quisiera que fueran las cosas, la economía le permite a Levitt hacer mediciones para observar cómo funcionan las cosas en el mundo real. Por eso, sus hallazgos despiertan resquemores. Sus explicaciones no siempre convienen. Sus conclusiones son a veces crudas, incómodas e impopulares. Pero este economista de lo raro no se mueve en el plano moral: él simplemente observa con detenimiento, analiza con sagacidad y responde con inteligencia.
    ISBN-10: 0060731338
    ISBN-13: 978-0060731335
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