• Empresas Familiares: El desafío de la continuidad

    Las empresas familiares constituyen la forma organizacional más extendida. Rondan en promedio el 75% del tejido empresarial global, brindando un aporte sustancial a las estructuras económicas en cuanto a la generación de empleo y aporte al PBI.

    Los antecedentes de estas organizaciones pueden remontarse hasta la Edad Media, época en la cual el conocimiento de los oficios era transmitido de una generación a la siguiente. Desde la revolución industrial hasta la actual economía global, los cambios generados en las estructuras de producción y organización no han podido desactivar la ligazón existente entre familia y negocio.

    Las firmas de carácter familiar se diferencian de aquellas que no lo son porque combinan tres sub-sistemas básicos: empresa, familia y propiedad. Para perdurar de manera competitiva deben enfrentar dos grandes desafíos: continuidad y profesionalización.

    La continuidad está estrechamente vinculada a la sucesión. Luego de atravesar la etapa inicial, en la que todo el poder se concentra en el empuje emprendedor de uno o más fundadores, deviene la potencial incorporación de la generación siguiente. Académicos y consultores suelen promover (de un modo que raya la evangelización), el deber de planificar adecuadamente la sucesión como llave para garantizar la continuidad.

    Si bien es cierto que se trata de un proceso que puede anticiparse, también es válido afirmar que una genuina vocación por el negocio familiar sería una condición sine qua non para que los descendientes ingresen a la firma. De lo contrario, estarán ausentes los vientos necesarios para favorecer la continuidad.

    ¿Es posible crear condiciones para despertar la inclinación hacia el negocio familiar?

    Existen algunas prácticas. Se recomienda ejercitarlas durante la niñez, adolescencia y juventud de cada nueva generación. Si el deseo de incorporarse a la empresa familiar surge en al menos uno de los descendientes (y éste cuenta con las habilidades necesarias para liderar), el problema de la continuidad quedará resuelto hasta la próxima generación.

    Aun así, no podemos ignorar que la vocación responde a un llamado interior que anhelamos seguir. Y es, por lo tanto, imposible de crear mediante la imposición. La disyuntiva aparecerá entonces cuando la firma carezca de un candidato vocacional. Las empresas tienden a quedar perplejas ante esta suerte de precipicio que desemboca generalmente en el (doloroso) desprendimiento del negocio. “Tuvieron que vender porque ninguno de los hijos quiso seguir”.

    En mi opinión, lo más acertado sería tener una visión del linaje que trascienda la estrecha matriz lineal de la sucesión. Hay otras opciones. Existen múltiples formatos posibles dentro del vasto universo del capitalismo familiar. Es cuestión de anticiparse al futuro con ojos más amplios. Para debatir, evaluar, valorar y crear nuevos horizontes sin necesidad de sacrificar lo que podría ser continuado teniendo otras opciones a mano.

    En MVD Consulting estamos desarrollando una práctica específica en consultoría para empresas familiares, en la qué la continuidad generacional, es una de las bases sobre las que trabajamos junto con los emprendimientos.

    Mag. María Gabriela Rodríguez – Associated Consultant

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